lunes, 19 de abril de 2010

Presentación al infinito

Hace poco leí en algún sitio que una de las cosas más importantes a la hora de crear un blog es saber sobre qué vas a escribir. Debes ser capaz de imaginar en tu cabeza todas aquellas cosas que consideras importantes y encaminarlas en una dirección para que no se desparramen por la red. Ahora mismo estoy escribiendo mi primera entrada de lo que espero que sea un blog con sentido y dirección y, sinceramente, no tengo la menor idea de lo que escribir.

Sentado en la única mesa mesa de mi casa miro a mi alrededor y no se me ocurre nada en absoluto. Podría escribir sobre el hecho de que esta silla n
o es lo suficientemente alta y sé que en seguida va a dolerme la espalda. Puedo escribir sobre el dolor. Siempre puedo hacer un blog sobre las inclemencias del tiempo, ¿no han bajado las temperaturas? Se me están quedando los pies fríos. Será un blog de ficción. Será un blog de... ¿no-ficción? Una entrada sobre la facilidad con la que se me olvidan las palabras últimamente desde que vivo aquí. Puedo escribir sobre lo difícil que es vivir fuera de tu casa. Un blog para miopes que escribiré con las gafas puestas o un blog para filólogos que puedo escribir en pentámetro jámbico. Un blog escrito en rojo como el color con el que se me subrayan las faltas de ortografía.

Sinceramente lo único sobre lo que podría hablar ahora es sobre el miedo que me da ponerme a escribir y quedarme sin ideas en cualquier momento. El pánico que me entra al dejar de mirar a mi alrededor y verlo todo negro, sobre todo al mirar hacia delante. La buena noticia es que es más que probable que esto no lo lea nunca nadie y se quede flotando en el vacío suspendido de Internet. Mientras tanto voy a ir a hacerme la comida. ¿Qué tal un blog gastronómico en el que la primera receta sea Arroz con todo lo que hay en la nevera?

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